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Cambiando el debate público

| 18 septiembre, 2012 | 0 Comentarios

El impacto de la opinión pública ha quedado demostrado poderosamente durante la mayor parte del año 2011 a través de la agitación desatada, primero en el mundo árabe y Europa y luego en todo el mundo, la cual alimentó primero a las redes sociales y después a los medios oficiales y tradicionales. Si buscamos el concepto del 1% contra el 99%, casi no hallaremos mención de él antes de que el movimiento Ocupemos Wall Street (OWS) iniciara sus protestas el 17 de septiembre de 2011.

Otro reconocimiento del poder del debate social y la opinión pública para mejorar la sociedad llegó en una declaración escrita por el Banco Mundial intitulada, El Poder del Debate Público: “El concepto de desarrollo abierto (que concede igualdad de oportunidades comerciales para todos) supone una fuente creciente de información a disposición de los ciudadanos. …El propósito de todo esto (desarrollo abierto) es crear un cambio en las relaciones de poder para que pase de las instituciones y gobiernos, cuya responsabilidad es proporcionar servicios y mejorar los niveles vida, a las personas a quienes dichos servicios deben beneficiar. Ese poder puede ejercerse eficazmente por pequeños grupos de ciudadanos que trabajen juntos para identificar y confrontar a políticos o proveedores de servicios que no cumplan con los contratos a los que fue destinado el dinero. Debido a que la corrupción, la política o el interés personal están seriamente arraigados, es improbable que un desarrollo más abierto tenga los efectos deseados a menos que las diversas comunidades sean capaces, colectiva y pacíficamente, de ejercer una influencia representativa”.
La efectividad de la influencia del medio ambiente fue comprobada científicamente hace décadas. En 1951, uno de los más célebres estudios sobre el tema fue dirigido por el psicólogo Solomon Eliot Asch. El estudio fue dado a conocer como el Experimento de Conformidad de Asch. Utilizando tarjetas con varias líneas dibujadas (Line Judgment Task), Asch invitó a un participante verdadero a tomar el examen junto con siete cómplices en un salón. Los cómplices habían acordado de antemano cuáles serían sus respuestas cuando les presentaran las tarjetas. El participante no estaba al tanto del hecho y se le hizo creer que los otros siete participantes también eran reales.
Cada persona en la habitación tenía que establecer en voz alta cuál de las líneas de comparación (A, B, o C) era más parecida a la línea de referencia. La respuesta siempre era obvia. El participante verdadero se sentaba al final de la fila y daba su respuesta al último. Hubo en total 18 comparaciones y los participantes falsos dieron una respuesta equivocada en 12 comparaciones.
Resultados: En promedio, aproximadamente un tercio (32%) de los participantes que  fueron sometidos al examen secundó y se conformó con la mayoría que claramente dio respuestas incorrectas. Sobre 18 intentos, alrededor del 75% de los participantes se conformó al menos una vez y el 25% de los participantes nunca siguió la corriente de la mayoría.
Conclusión: ¿Por qué los participantes se conformaron con la mayoría tan fácilmente? Cuando fueron entrevistados luego del experimento, la mayoría de ellos dijo que creyó que las respuestas eran incorrectas pero que había secundado al grupo por temor a quedar en ridículo o que pensaran que era distinto. Unos cuantos manifestaron que realmente creyeron que las respuestas del grupo eran las correctas.
Al parecer, la gente se conforma con la opinión de la mayoría por dos razones principales: porque quieren converger con el  grupo (influencia normativa) o porque creen que el grupo está mejor informado que ellos (influencia informativa).
Recomendamos ver este video del experimento de Asch
Necesito de Todos, Necesito de Ti.

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Categoría: Ciencia, Crisis y Resolución, Videos

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