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Interdependencia social y el aprendizaje cooperativo

| 18 septiembre, 2012 | 2 Comentarios

El concepto del aprendizaje colaborativo, en lugar del aprendizaje individual, no es una noción teórica. Se ha experimentado en numerosas oportunidades con repetido éxito, hasta tal punto que cabría preguntarse por qué  hemos hecho caso omiso de sus obvias bondades durante tanto tiempo.

En un ensayo intitulado Psicología Educativa, una historia de éxito: teoría de la interdependencia social y el aprendizaje cooperativo, los profesores de la Universidad de Minnesota, David W. Johnson y Roger T. Johnson presentan un impactante caso sobre la teoría de la “interdependencia social”. Según sus palabras, “Más de 1.200 estudios de investigación han sido realizados durante las últimas once décadas  sobre los esfuerzos cooperativos, competitivos e individualistas”.

Johnson y Johnson compararon la efectividad del aprendizaje cooperativo con respecto al aprendizaje individual, competitivo utilizado normalmente. Los resultados fueron inequívocos. En lo relativo al compromiso individual y responsabilidad personal, concluyeron, “La interdependencia positiva que vincula a los miembros de un grupo se postula para propiciar sentimientos de responsabilidad para: (a) llevar a buen término  nuestra participación en el trabajo; y (b) facilitar el trabajo de los otros miembros del grupo”.

Además, cuando el rendimiento de una persona afecta los resultados de los colaboradores, la persona se siente responsable del bienestar de ellos como si fuera el suyo propio. El fracaso personal es malo, pero defraudar a los demás además de a sí mismo es todavía peor”.

En otras palabras, la interdependencia positiva convierte a los individualistas en personas dedicadas y cooperativas, que es completamente opuesto a la tendencia actual en la que el individualismo excesivo alcanza el nivel de narcisismo.

Para demostrar los beneficios de la colaboración, los investigadores midieron los logros de los estudiantes que cooperaron, comparados con los que compitieron. “Se descubrió que el promedio al que llegó la persona que coopera alcanzó alrededor de dos tercios de una desviación estándar, por encima del promedio de una persona que se desempeña en una situación competitiva o individualista”.

Para comprender el significado de dicha desviación por encima del promedio, consideremos que si un niño es un estudiante con un promedio de -D, al cooperar, su calificación brincará a un asombroso promedio de +A. También escribieron, “La colaboración, cuando se la compara con los esfuerzos competitivos e individualistas, tiende a promover una mayor retención a largo plazo, una mayor motivación intrínseca y expectativas de éxitos, pensamientos más creativos… y actitudes más positivas hacia las tareas y la escuela”.

En el aprendizaje cooperativo, el rol del maestro no es dictar el material, sino sobre todo, guiar al niño que debe percibir a su maestro como un amigo adulto, así como también a un experto. Los maestros y los estudiantes deben sentarse juntos en un círculo, a la misma altura, y discutir como iguales. Aquí, la superioridad y el control son reemplazados por una guía sutil para ayudar a los niños a descubrir las cosas por sí mismos, por medio de la deliberación o los esfuerzos del grupo.

Los niños aprenden a deliberar, a compartir puntos de vista y discutir, al mismo tiempo que se respetan por sus méritos y singularidad personal. Esto le permite a cada uno de ellos expresar sus pensamientos libremente y revelar cada una de las cualidades especiales de cada estudiante. De este modo, el niño ampliará su visión del mundo y absorberá nuevas ideas y perspectivas.

Al repetir este modo de aprendizaje, los niños aprenden a apreciar la conexión entre ellos como el recurso más importante, dado que esto les garantiza todo el conocimiento y el poder que poseen. Comienzan a disfrutar sólo alcanzando el éxito junto con los demás, y el valor de cada persona se mide no por la excelencia individual, sino por la contribución de su excelencia al éxito del grupo.

Los grupos de estudio serán relativamente pequeños, y a cada grupo se unirán uno o dos chicos dos o tres años mayores que ellos. Los jóvenes de más edad actuarán como instructores. Debido a que la inclinación natural del niño es copiar a los más grandes, estos jóvenes instructores serán en realidad los mejores maestros, dado que los estudiantes tratarán naturalmente de imitarlos. Los chicos mayores que enseñan tienen también mucho que ganar—una mayor comprensión del material, una comprensión más profunda de sí mismos, y una oportunidad de contribuir a la sociedad y ganar su aprobación.

La disciplina de los niños será tratada de manera muy diferente que en las escuelas de hoy en día. Cuando haya un caso de mala conducta, los mismos niños, junto con los adultos y los profesionales, decidirán cómo manejar la situación. A los niños se les debe enseñar el pensamiento crítico constructivo, y analizar que los momentos de pequeñas crisis son grandes oportunidades para enseñar este tipo de pensamiento. Si un niño se comporta incorrectamente, la clase se reunirá y discutirá qué se debe hacer en relación a eso, y cómo prevenir que se repita.

Necesito de Todos, Necesito de Ti.

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Categoría: Educación Global, Interconexión

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