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El flujo de la vida

| 16 diciembre, 2012 | 0 Comentarios

Encontramos en las últimas noticias de violencia, realmente una tragedia que conmueve las fibras más intimas de nuestro ser, y tienen la fuerza de sacar de adentro nuestro sensaciones, preguntas  muy íntimas acerca de los individuos, de mi mismo y de la sociedad en sí. Y la pregunta más fundamental que surge es ¿Qué incita, qué lleva a un individuo a realizar un acto de violencia de tal magnitud, ante seres pequeños e indefensos? Esto necesariamente nos lleva analizar la naturaleza del hombre y el comportamiento del ser “humano”. Durante el último siglo, se han elevado las voces de muchos pensadores, científicos, psicólogos, que han tratado de estudiar y entender el comportamiento de las personas, no solo en lo individual, sino también en lo social, especialmente desde eventos como la primera y la segunda guerra mundial, las masacres de Hitler y  Stalinhasta Hiroshima, los cuales son hechos que han marcado la bancarrota moral de occidente y lo que ha puesto de manifiesto la insistencia de la “predisposición” del hombre a la maldad y que ha dejado en cierta medida a merced de la burla a quienes de una u otra manera no hemos perdido la “fe” en el hombre y en cierta medida de la bondad “innata” que subyace dentro nuestro. O sea, que necesitamos, no solo analizar qué predispone a un hombre  o a una sociedad a llevar a cabo las acciones que “realiza”, el porqué y para qué y qué beneficio o pérdida, conllevan para el individuo o la sociedad. O sea, cual es la motivación interna, intima, que nos lleva a atentar contra la vida misma.

Tomemos por un momento las palabras de Erich From, Psicoanalista, digámoslo social, que nos puede ayudar a introducirnos más profundamente en el tema.

“Vivir correctamente ya no es una demanda ética o religiosa. Por primera vez en la historia, la supervivencia física de la especie humana depende de un cambio radical del corazón humano“.

Erich From.

Me impresiona el énfasis que hace acá: “la supervivencia física de la raza humana” llevada hasta “un cambio radical del corazón del hombre” O sea, un cambio radical del ser humano. Sé que lo que puedo decir acá puede sonar frustrante o tal vez inconveniente para el pensamiento de muchos, pero creo necesario que de una vez por todas entremos en una franca discusión con nosotros mismos y lo que acontece alrededor nuestro. En el caso que vemos acá, se despierta en cada uno de nosotros, multitud de sentimientos, tal vez: ira, dolor, impotencia, llanto, desconsuelo… qué sé yo, que más sensaciones que nos queman profundamente. Pero, en mi interior también se levantan otras preguntas sobre nuestra consciencia de un “cambio radical del corazón”, como por ejemplo, cuando leemos que cada 45 segundos muere un niño de hambre en nuestro mundo, o qué sucede dentro mío, cuando vemos o leemos en las noticias, sobre la guerras que se levantan en África, Irak Afganistán, Pakistán, ahora Siria, sobre la hambruna en cada rincón del planeta, los desempleados de España, Grecia, EE UU, el resto de Europa, América Latina, en cada de una de estas “guerras” dentro del “corazón del hombre”, en cada una de estas “matanzas”, ¿veo que mi corazón queda indiferente?, que he sido llevado a quedar “impasible”, “rígido” y sin sentimientos o aún he sido llevado a “estar de acuerdo emocionalmente o ideológicamente”, cuando estas matanzas se realizan de un modo “quirúrgicamente aceptable” “limpio”  “asépticamente” bajo el parámetro de una u otra  “ideología”, o bajo el amparo de “instituciones” que consciente o inconscientemente aceptamos como “aptas” para decidir cuántos y quiénes deben morir, siempre y cuando, se cuente con su aprobación y consenso general. Así, podemos ver como los mandatrios del mundo no derraman lágrimas, sino vítores y alabanzas, pues en últimas se ha hecho un “bien a la humanidad” y tal vez nosotros también, de forma irracional, llegamos a estar de acuerdo con este estado de cosas, en nuestra pasividad irreflexiva, tal vez escudándonos y salvaguardándonos de un dolor imposible de soportar. Pero mi pregunta más fundamental es: ¿Dónde ha quedado nuestro amor, respeto y defensa de la vida? ¿Depende este amor, de nuestro color de piel, raza, creencia, pensamiento, doctrina, u otro factor diferente al hecho mismo de ser “vida” en si misma? ¿O solamente sentiremos este dolor cuando esta matanza entra por la puerta de nuestra casa? ¿Debemos esperar hasta que esto suceda para que nuestras lágrimas rueden por nuestros ojos?  ¡Creería que no! Acá, vuelvo una vez más a Erich Fromm, cuando escribe:

  • “En realidad, solo existe el acto de amar, que es una actividad productiva. Implica cuidar, conocer, responder, afirmar, gozar de una persona, de un árbol, de una pintura, de una idea… Significa dar vida, aumentar su vitalidad. Es un proceso que se desarrolla y se intensifica a sí mismo”.
  • Erich Fromm.

“El amor genuino aumenta la capacidad de amar y de dar a los demás. El verdadero amante, en su amor a una persona especifica, ama a todo el mundo”.

Erich Fromm.

Soy consciente, que individual y colectivamente, hemos perdido el verdadero significado de la palabra “amor” y a veces creo, que el hecho de ser los herederos de la “ideología” de la cinematografía y la televisión, nos ha llevado a este estado de cosas, donde creemos que el amor es simplemente una mercancía más que debemos adquirir o que podemos comprar en el almacén de moda a la vuelta de la esquina y no que este es un “bien” que debemos crear, elaborar, moldear con nuestras manos, y solo en la medida que volvamos a ser capaces de  redefinir y sentir lo que la “vida” es, en su significado más profundo, como la naturaleza misma que late y vive dentro nuestro, podremos volvernos a sentir dentro de la vida misma, como nuestro ser más preciado. Si nosotros evaluamos el legado que la “ideología” de la cinematografía y la televisión nos ha dejado, es solo un llamado a la violencia y al pensamiento liviano y ligero, sin ninguna profundidad o análisis y aún menos al autoanálisis. Supuestamente bajo el rotulo de “entretenimiento sano”, es este el que ha terminado de corroer nuestra conciencia y de ser incapaces de delinear lo que puede llegar a ser beneficioso, o no, para nuestra sociedad futura y presente. Llegando así, a que es “entretenido” ver como el “héroe de turno” mata, asesina, tortura y demás barbaridades que se catalogan bajo el rótulo de “entretenimiento sano” y ni que hablar  de los videojuegos, con los que se lavan los cerebros de nuestros pequeños hijos, solo para mantenerlos “entretenidos” y “ocupados”. Es a esto lo que podemos llamar un ambiente de violencia “intravenosa”, sin ningún control y sin que las personas tengan ni la edad, ni los medios de pasarlos por un control consciente, y terminar siendo un objeto movido por las circunstancias y deseos  que otros implantaron en ti.

Hay aún otra reacción que es importante en el ambiente de violencia. El individuo profundamente desengañado y desilusionado puede también empezar a odiar la vida.

Erich Fromm.

La gente se siente amenazada, y para defenderse está dispuesta a matar y destruir. En el caso de ilusiones paranoides de persecución, encontramos el mismo mecanismo, pero no en grupos, sino en individuos. En los dos casos, la persona se siente subjetivamente en peligro y reacciona agresivamente. Otro aspecto de la violencia reactiva es el tipo de violencia que se produce por frustración.

Erich Fromm.

Encontramos conducta agresiva en animales, en niños y en adultos cuando se frustra un deseo o una necesidad.

Erich Fromm.

Es entonces cuando vemos la necesidad de volver a conectarnos  a la corriente de la “vida”, esa que fluye alrededor nuestro, de una forma natural y de la cual nos hemos desconectado. Dentro nuestro hay una naturaleza, tal vez antagónica, como una ley que se manifiesta de forma paradójica, como vida y muerte, ante la cual nos sentimos desamparados, incapaces de conciliar, como opuestos, que nos deja indefensos ante un hecho irrefutable y ante el cual solo nos queda rendirnos o revelarnos de una forma irracional, olvidando que dentro de esta misma ley se esconde otra, que nos pasa inadvertida, cuando nos dice que nada se destruye, sino que esta se transforma, llevándonos a formas y estados de existencia que desconocemos, pues hemos perdido el contacto con este flujo que se llama “vida”.

El individuo que no puede crear quiere destruir. Creando y destruyendo, trasciende su papel como mera criatura. Camus expresó sucintamente esta idea cuando hace decir a Calígula: “Vivo, mato, ejercito la arrobadora capacidad de destruir, comparado con la cual el poder de un creador es el más simple juego de niños.” Ésta es la violencia del inválido, de los individuos a quienes la vida negó la capacidad de expresar positivamente sus potencias específicamente humanas. Necesitan destruir precisamente porque son humanos, ya que ser  humano es trascender el mero estado de cosa

Erich Fromm.

Estas potencias específicamente humanas son las que hemos perdido y si dentro del humano se manifiesta esta condición de destruir, como lo hemos hecho hasta ahora, con un poder que ninguna criatura fuera del humano tiene, también como opuesto, tiene dentro de sí la capacidad de unirse al poder creativo de la naturaleza, como ninguna otra criatura lo tiene. En su aspecto más positivo la vida tiende a unir a integrar, a crecer de una forma integral dentro de sí misma.  Unificación y desarrollo integral hacen parte de todos los procesos por los cuales la vida pasa, no solo en lo que respecta al desarrollo de célula y órganos u organismos, sino también en cuanto al sentimiento y pensamiento que se desarrolla dentro de la vida misma. Así, si pudiéramos enfocarnos en el estudio y la educación en estas leyes de la vida, lo más seguro es que no tendríamos que estar llorando y lamentando la pérdida de vidas y oportunidades de desarrollo hacia estados de unificación con la consciencia de la vida.

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Categoría: Crisis y Resolución, Familia y vida

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