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EL CAMINO HACIA LA JUSTICIA SOCIAL

En todo el mundo, los pueblos están despertando. Piden a sus gobiernos que les escuchen, que se den cuenta de sus sufrimientos, y que resuelvan sus problemas. No se trata sólo del precio de los alimentos o de la vivienda, sino de una firme exigencia de justicia social.

Las recientes protestas mundiales nos dan una lección: El mundo está conectado, la humanidad es una sola entidad, y lo que sucede en un lado del planeta nos afecta a todos. Con tantos sectores de la sociedad afectados por la inflación, el desempleo, la falta de acceso a la educación, puede que la justicia de unos implique la injusticia para otros. Cualquier solución propuesta a partir de la actual estructura desintegrada de la sociedad, sólo prolongará o incluso incrementará la iniquidad, generando una desilusión generalizada que puede desembocar en caos.

Por lo tanto, la solución a la petición de justicia social debe incluir un diálogo con todas las partes de la sociedad. “La Primavera de las Naciones” del año 2011, evidencia un cambio radical en el mundo hacia la colectividad. Comparemos a la humanidad con un organismo humano compuesto por numerosos órganos con diferentes funciones, donde ningún órgano es superfluo. Cada uno aporta al cuerpo, y a su vez recibe de él lo que necesita.

Toda negociación entre representantes del gobierno y manifestantes deberá basarse en una “deliberación ponderada”, donde no hay “buenos ni malos”, sino personas con intereses legítimos, que buscan una solución digna para todos. Los gobiernos enfrentan déficits y deudas crecientes, y no hay recursos suficientes para todos, pero los habría si cada uno se percatara de las necesidades del otro. Así, el concepto de “gran familia” es la base para llegar a una verdadera justicia social. Cuando este cambio surja, términos como “primer mundo” y “tercer mundo” dejarán de existir. Habrá un solo mundo en el que viviremos en armonía.

No todas las demandas pueden ser satisfechas a la vez, pero si exponemos nuestras necesidades y unimos nuestras fuerzas para resolver los problemas, podremos establecer prioridades. La idea no es descomponer el sistema, desestabilizarlo, sino adaptarlo, ajustarlo para suplir las necesidades de las personas. La solución radica en cambiar nuestra perspectiva, pasando de la preocupación por el derecho propio a la preocupación por el derecho social. A la larga, el beneficio propio depende del bienestar de los demás. En la práctica, esta solución incluye tres objetivos:

Garantizar el abastecimiento necesario a cada miembro de la sociedad. Formar un grupo internacional multidisciplinario que diseñe un plan enfocado en una economía justa y sostenible. Esto no hace referencia a una distribución igualitaria de fondos o recursos. Una economía justa es aquella en la que ninguna persona sobre la Tierra es dejada a su suerte.

Inculcar valores en beneficio de la sociedad, utilizando los medios de comunicación de masas e Internet, y sobre todo las redes sociales. Estos determinan la agenda pública, por lo que deben fomentar la sustitución del egocentrismo por la responsabilidad mutua.

Incentivar el desarrollo máximo del potencial del individuo. Cuando dicho potencial se utiliza para el bien común, es del interés de la sociedad que lo desarrollemos plenamente.

Somos interdependientes, como en una familia. La crisis mundial no es la causa, sino el síntoma de nuestro verdadero problema: la falta de solidaridad, y responsabilidad mutua. Por lo tanto, es fundamental que las cosas se resuelvan en una mesa redonda, construyendo progresivamente una sociedad gobernada bajo el principio de garantía mutua, es decir, de responsabilidad compartida, de unidad y solidaridad entre todos los miembros de la sociedad. En efecto, la naturaleza nos presenta estos problemas para que corrijamos esa falla. Una vez que alcancemos este grado de conciencia, las dificultades se disiparán.